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04
El Suspiro del Guardián
Cachito nunca tuvo dueño. Ni siquiera un nombre fijo. En el barrio le decían «el perro de la esquina»
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017
Los ojos que reconocí en un niño descalzo
Emilio Delgado estaba sirviéndose un café doble cuando sonó el timbre. Dejó la taza sobre la encimera
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06
La última pieza valiosa que tenía se la puse a un desconocido bajo una tormenta en el desierto de Arizona. Un mes después, doce hombres armados llegaron para demoler mi taller antes del amanecer. Entonces aparecieron treinta faros en la carretera y el motociclista al que ayudé se plantó frente a ellos con una carpeta capaz de enviar a prisión al hombre que me amenazaba.
Mi nombre es Mateo Herrera. A los treinta y ocho años era dueño del Taller Herrera, un garaje de reparación
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010
La llave y el cuaderno de tapas gastadas
Papá dejó la universidad y empezó a trabajar cargando bultos en un mercado de San Antonio para criarme
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052
Mis cincuenta dólares y un boleto de autobús
— Con esto te alcanza para el camión. Apresúrate a casa. Mi mamá nos espera para comer. Me quedé bajo
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015
La boda de la que no me acuerdo
El sol de Miami me dio justo en los párpados. Lo primero que sentí fue ese ardor, como si alguien me
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016
**Él la eligió a ella**
El día que Valeria Núñez entró a la entrevista, el aire acondicionado del piso cuarenta y siete del Grupo
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06
La victoria tenía su precio
Valentina creció en Hialeah mirando a su mamá con una mezcla de amor y frustración que le apretaba el pecho.
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03
El Ángel de Pelusa
— Mayra, ¿perdiste la razón? — gritó Alejandro, pálido, cuando su esposa entró por la puerta mucho antes
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013
¡De aquí solo me sacan con los pies por delante!
Me llamo Mirta, tengo 73 años y cada mañana entro a la oficina de Panaderías El Globo en Hialeah con