ES
041
La maleta que no la dejaba dormir
El olor a medicina y a flores marchitas lo impregnaba todo. Llevábamos apenas tres horas en casa de mi
EN
03
His Dog Was Dying of a Broken Heart, So He Called Me Crying
Nora was on her fourth cup of strong black coffee at her sister’s kitchen table in Portland.
ES
018
Mi hermana me robó al novio y me invitó a su boda. No fui. Diez años después, apareció para pedirme plata y vio en qué se había convertido mi «fracaso
El teléfono sonó un martes a las once de la mañana. Estaba en la oficina de la casa, repasando la cotización
ES
01
Los Ángeles no se detiene por nadie, y mucho menos por una chamaca recién llegada de un pueblo en el Valle Central. Cuando Lucía Ramírez bajó del autobús Greyhound en la terminal de la Calle 7, con quince dólares en el bolsillo y una mochila heredada de su hermano mayor, lo único que traía era un sueño tambaleante y un olor a humedad que se le había pegado en el asiento durante las nueve horas de viaje.
—Mira nada más, la campesina quiere ser enfermera —la voz de Valeria resonó en el auditorio como un latigazo
ES
016
A las 5 de la mañana, la policía encontró a mi hija embarazada sangrando en un banco del parque — su esposo jamás imaginó quién era yo en realidad.
El celular vibró sobre la mesa de noche con una violencia que me heló la sangre. Las sábanas se me enredaron
EN
010
The Invoice I Pulled Out When My Sister Asked for $50,000
She called on a Tuesday, right around 10 a.m. I had a client’s Japanese maple on my monitor, tweaking
EN
06
A Promise Kept, a Debt Called
She called on a Tuesday morning, right when I was marking up irrigation zones on a backyard plan for
ES
019
Su «Talento» Costó Doscientos Ochenta Mil Dólares
Esa mañana estaba en la oficina resolviendo un desastre con un proveedor. Sonó el teléfono y casi lo ignoro.
FI
02
Harakka ikkunalla
Eeva oli maannut Auringonnousun hoivakodin huoneessa jo viisi viikkoa. Ikkuna avautui pihalle, missä
NO
03
På en firemannsstue på Haukeland sykehus i Bergen lå en gammel mann og så ut på det grå regnet som drev mot ruten. Det var begynnelsen av oktober, og lyset ute var allerede i ferd med å gi opp. Rommet var stille, bortsett fra det svake suget fra oksygenapparatet på nabosengen, som sto tom. De tre andre sengene hadde stått tomme i tre dager.
Einar het han. Åttito år, med leverflekker på hendene og et par briller som stadig gled ned på den smale nesa.