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Laura apretó el teléfono contra la oreja mientras el vapor de la cafetera industrial le empañaba los lentes.
El bolero sonaba bajito, apenas un susurro entre las guitarras que flotaba sobre las mesas del patio.
Diego colgó el teléfono con una sonrisa de satisfacción mientras se limpiaba la grasa de las manos con
Valentina no podía dejar de mirar el plato hondo que su cuñado acababa de poner sobre el mantel.
No era una metáfora. Se había quitado los tacones blancos apenas el fotógrafo dio la última indicación.
El calor de Miami en junio era insoportable, incluso dentro del jardín botánico donde Valentina había
El comedor de la casa de Miguel, en una tranquila cuadra de Pilsen, Chicago, olía a café recién hecho
Era domingo y en casa de Tomás el olor a frijoles recién hechos se mezclaba con el bullicio de los nietos
Marisol alisó el mantel de lino sobre la mesa del jardín y retrocedió dos pasos para contemplar su obra.
El mensaje entró justo cuando estaba ajustándome los aretes frente al espejo. Un número que no tenía









